II Encuentro Internacional “La posible actualidad de Brecht” en Buenos Aires

flyer 10x7,5

En Septiembre de 2014 la compañía inicia su andadura por el continente americano. Como primera parada, hemos sido invitados al II Encuentro Internacional “La posible actualidad de Brecht”, que dará lugar en Buenos Aires (Argentina), organizado por el colectivo Actuarnos Otros. Iremos con nuestra segunda pieza “Ladran, luego cabalgamos”. Nuestra pieza sobre los movimientos sociales y políticos de nuestro país, desde la Guerra Civil, hasta el movimiento 15M. En otras palabras, mejor estructuradas y certeras, escribió Josep Lluís Sirera en la página Episkenion, sobre este montaje y sus muy diversos planteamientos:

“Dentro del panorama teatral valenciano, marcado por la precariedad de compañías y creadores y azotado, además, por la crisis desde hace unos cuantos años, resulta como mínimo estimulante toparnos con propuestas como la presente. Una propuesta, además, que no es fruto aislado de alguna casualidad estética sino consecuencia lógica de la trayectoria de una compañía que sabe muy bien lo que quiere hacer y a dónde quiere llegar con sus montajes. Me refiero a Tiro hecho, que ellos mismos califican como “compañía de teatro físico / dentro de lo cabe”, frase con la que aúnan lo ambicioso de sus propósitos con el realismo que tiene que guiar todos sus pasos en estos tiempos. Me apresuro a comentar, por cierto, que esta acertada combinación de ambición y realismo no solo está en la base misma de sus montajes (y, como es obvio, de los resultados obtenidos) sino también en sus reflexiones sobre el mundo que nos rodea y que es la materia prima sobre la que trabajan.

            Antes de pasar a comentar este espectáculo quisiera, sin embargo, detenerme en un aspecto que a alguno le podrá parecer marginal, pero que no lo es en absoluto. Me refiero a la temática de sus obras, por lo menos de las dos que yo les conozco: esta misma y Donde las papas queman. Obras ambas que me atrevería a calificar de generacionalmente políticas. Y digo esto porque frente a quienes afirman que los jóvenes de hoy en día construyen su presente sobre un preocupante desconocimiento del pasado, estos dos montajes nos revelan a una creadora, Carla Chillida, que usa con sutilidad e inteligencia ese mismo pasado pero no para dejarse llevar por ejercicios de nostalgia política (no tiene edad para ello) ni para encerrarse en un escepticismo paralizante.

            Todo lo contrario: desde su presente inmediato, se remonta hacia el pasado para traer a la escena de qué forma las generaciones que antecedieron a la suya se enfrentaron a unos problemas muy semejantes: falta de democracia, injusticias sociales, tiranía de los poderes económicos, falta de expectativas vitales para los jóvenes, represión, corrupción, imperialismo, y un largo etcétera que cada lector podrá completar a su gusto. Y lo hace, repito, no desde la aceptación acrítica de ese mismo pasado sino desde la lucidez y, por qué no, desde la ironía; poniendo si hace falta ante nuestros ojos las debilidades y las incongruencias del pensamiento progresista de otras épocas y que podríamos pensar que no son tampoco tan diferentes a las que lastran los movimientos reivindicativos del momento actual. Pero no pensemos que esto les lleva a recalar en el extremo opuesto: cuando en la presente obra asistimos a las discusiones asamblearias de los indignados o a la dinámica de funcionamiento del anarquismo histórico español, podremos sonreír ante los excesos utópicos que unos y otros dejan traslucir en sus palabras, pero no podremos por ello dejar de reconocer (no diré yo que incluso emocionarnos) la sinceridad, la honestidad y la voluntad de cambio que esas mismas palabras destilan. Hay mucha dignidad encerrada en ellas y en los comportamientos de quienes las pronuncian… Lo que no deja de ser emocionante para una persona de esas generaciones anteriores, bombardeadas durante años por las proclamas llenas de pragmatismo y sensatez que, desde todos lados, hemos ido recibiendo ade forma ininterrumpida y grandilocuente.

1455993_10151986161968748_898878680_n

Resumiendo: la ironía antes aludida no anula la rotundidad de muchas de las situaciones ni el optimismo con que los personajes encaran una situación ante la que se niegan a permanecer pasivos o, mucho peor, sumisos. Incluso la irrupción de Hao Cui que crea un efecto de extrañamiento y de sorpresa (hasta despierta sonrisas entre los asistentes), provoca imágenes de fuerza plástica, lejos de consumirse en el mismo momento de su aparición y más allá de la humorada de la traducción simultánea, que puede ser también leída –por cierto– en clave simbólica: nuestra revolución, al fin y al cabo, habla un idioma diferente al de movimientos revolucionarios como el de la China maoísta, lo que no será obstáculo para que al final se llegue a un entendimiento y las dos realidades lleguen a compartir no solo una guerrera sino también muchos otros aspectos: la voluntad de cambiar el mundo, por ejemplo.

            Planteadas así las cosas, es del todo lógico que la presente propuesta escénica se aleje decididamente de las modalidades de teatro político que han ido apareciendo a lo largo del siglo pasado. Lo que no quiere decir, por supuesto, que no las conozca o que no utilice algunos de sus recursos; sucede esto, por ejemplo, en algunos momentos en que el texto tiene cierto aroma de teatro documento ya que se trata de informar y de dar a conocer al público actual algunos de los momentos culminantes de la lucha progresista; voluntad didáctica que se refuerza con fotografías de época y referencias a los libros míticos que fueron la base de la formación progresista de las generaciones anteriores. Más aún: en otros momentos se echa mano de la caricaturización (estupendos los audiovisuales de los antidisturbios reducidos a la condición de recortables de barraca de feria o el del enfrentamiento entre los gallos rojo y negro de la canción) y no se tiene tampoco pudor (¿por qué habría de tenerse?) en jugar la baza sentimental y emotiva mediante el recurso a canciones y poemas emblemáticos de los años de la lucha contra la dictadura franquista y de la Transición…

1460287_10151986133243748_1745619569_n¿Cómo plantear, entonces, esta obra adscrita al género de teatro de revolución como la compañía anuncia en el dossier? Muy fácil: conjugando con habilidad los elementos que han venido caracterizando el teatro de los últimos años. Veamos algunos casos. En primer lugar, la disolución del personaje como entidad convencional da pie, en la presente propuesta, a que los intérpretes asuman diversos roles y que los desplieguen con gran habilidad, propiciando –segunda característica– saltos espaciales y temporales que nos hacen viajar ágilmente de una punta a otra de los últimos cien años de nuestra historia. La agilidad, por cierto, se consigue gracias al trabajo físico de todos los intérpretes: movimientos coordinados y bien coreografiados que alternan con escenas cargadas de fuerza poética y plástica, como los caminos / puentes tendidos gracias a los libros, títulos significativos como ya he indicado y que fueron en su momento ellos mismos puentes y caminos hacia una nueva realidad preñada de espíritu revolucionario.

            Este ir y venir de unos tiempos y espacios a otros ni que decir tiene que en ningún momento es gratuito: la relevancia dada a la lucha de los anarquistas en los años veinte y treinta no es nada casual porque marca un camino de lucha y de sacrificio en pos de la utopía. Y tampoco espacios míticos e investidos de la épica de la resistencia contra la tiranía como la Plaza de Mayo bonaerense… Épica y sacrificio, pues, con la que buscaría asimilarse la lucha actual, la de los indignados o la del colectivo Anonymous: estupenda, por cierto, la imagen del combatiente maoísta (¿ole pegaría más decir vietnamita?) emergiendo de una de las tiendas de campaña que remiten a las acampadas del movimiento 15 M y marcando así la continuidad de una lucha que se nos presenta como insoslayable e ininterrumpida.

            Otro de los recursos de las nuevas escrituras que A tiro hecho utiliza de forma precisa es la implicación de los asistentes, lo que se busca por ejemplo con referencias a elementos tales las canciones de lucha (La gallineta es uno de los momentos fuertes del espectáculo, por cierto) y culmina con un acto que tiene mucho de interpelación a los presentes: avanzando hacia nosotros, los intérpretes nos recitan poemas que forman parte de un patrimonio emocional compartido. Poemas, como ya ha comentado, que nos hablan de compromiso cívico y de lucha; poemas que los jóvenes quizá nunca oyeron porque se les ocultó en las aulas su existencia y que los de mayor edad arrinconamos un día no muy lejano en el desván de las ilusiones de juventud… Y que vuelven ahora a nosotros como una forma de implicarnos en su propuesta

1377973_10151986180028748_986980005_n

Esto es, en definitiva, lo que esta joven compañía nos ofrece en un espectáculo que presenta los méritos que he tratado de describir sucintamente, y que acumula unos cuantos más, empezando por una dirección muy trabajada que integra a los intérpretes en acciones de grupo bien diseñadas y, sobre todo, cargadas de fuerza visual: véase, por ejemplo, el inicio mismo del espectáculo y las sesiones asamblearias. Dirección que cuenta, por supuesto, con la complicidad de los intérpretes que sin pretender en ningún momento construir personajes definidos son capaces de transmitirnos, con una economía de medios digna de ser reseñada, la pluralidad de actitudes que se pueden adoptar en situaciones como las descritas: desde el irrefrenable optimismo a la prudente cautela, pasando por las dudas o la explosión de los sentimientos que acercan entre sí a los miembros del colectivo. Cuentan para lograrlo con el trabajo físico, lo reitero: una de las marcas de esta compañía, y con un sentido del ritmo y de la composición de conjuntos plásticos muy potentes. Un disfrute para los espectadores, en definitiva… Como lo es también, por supuesto, la banda sonora del espectáculo, donde se combinan las grabaciones con la interpretación (muy lograda, todo hay que decirlo) en directo, otro de los puntos fuertes de A tiro hecho, como puede apreciarse muy bien en Donde las papas queman, donde Carla Chillida asume la personalidad y las canciones de Violeta Parra y el otro intérprete, Guille Zavala, las de Víctor Jara. Y no lo hacen nada mal, por cierto.

            Como creo que se habrá podido apreciar por mis comentarios, las propuestas de la compañía están muy bien trabajadas pese a su aparente (solo aparente) sencillez. Y es que, quisiera dejar esto muy claro, parten de un trabajo dramatúrgico muy inteligente, muy documentado además, y se manifiestan con un sentido del ritmo muy acusado. Virtudes todas ellas a las que me gustaría añadir aquella con la que inicié esta no crítica: la voluntad de hacer del teatro un instrumento de reflexión, cargado de futuro (de lucha por un futuro mejor para ser más exactos) y no solo de nostalgia. Por esta razón asistimos a lo largo de unos ochenta minutos a un rápido recorrido por las diferentes primaveras que se produjeron en estos últimos cien años, pero enmarcadas por la que estamos viviendo (o tendríamos que estar viviendo, que dirían los más escépticos) y por esa invitación a sumarnos a ella, o a construir nuestra propia primavera que da lo mismo, a golpe de poemas. El resultado, por supuesto, es un espectáculo cargado de sinceridad, de propuestas estéticas más que notables y de un trabajo interpretativo riguroso y muy bien resuelto. Un espectáculo, en fin, que acredita a A tiro hecho como un grupo a tener muy en cuenta en el panorama teatral español”.

ENLACE

En Septiembre tendremos la oportunidad de mostrarla en Argentina, y en Santiago de Chile y Valparaíso (Chile). Y estamos realmente contentos con ello. En breve subiremos más noticias al respecto. Muchas gracias por el apoyo recibido hasta ahora, y esperamos que todo vaya bonito! ¡Salut!

Anuncios

Un comentario

Los comentarios están cerrados.