El entusiasmo de Víctor Jara en un cancionero teatral

Añadimos aquí la crítica del compañero José Henríquez, desde la República Cultural, en Madrid 5/7/2014.

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Donde las papas queman, el entusiasmo de Víctor Jara en un cancionero teatral
Los valencianos A Tiro Hecho continúan inventando el documento político musical

Publicado el Sábado 5 de julio de 2014, a las 00:13h

José Henríquez – la República Cultural.es

En su segunda visita a Madrid, en el Teatro Lagrada, vuelve a sorprender el camino que abre el joven colectivo valenciano A Tiro Hecho en la invención de un teatro político contemporáneo, que integra con gracia, frescura y valentía registros documentales, música y canción en vivo, danza y acciones cinéticas.

El pasado diciembre A Tiro Hecho (2011) mostró en El Montacargas su segunda obra, Ladran, luego cabalgamos, un intenso montaje coral de música, documento y baile, con seis intérpretes, que plasmaba una rica sinopsis de los movimientos políticos y sociales del siglo XX, vistos desde los debates y asambleas generados en las acampadas del 15 de mayo de 2011 y aliñada también con toques de saludable humor. El colectivo se autodefine como “compañía de teatro físico, dentro de lo que cabe.”

La pieza fue creada por sus actores, con dirección de Carla Chillida, e hizo una gira en el XI Circuito de la Red de Teatros Alternativos, que comentamos en nuestra revista. (Ocho salas de Madrid acogieron la muestra escénica del XI Circuito Alternativo) Con esta misma pieza, el colectivo prepara una gira en Argentina y Chile para septiembre de este año.

Donde las papas queman, estrenado en febrero de 2014, que la compañía subtitula Inspirado en Víctor Jara, es un cancionero dialogado y bailado que recorre la intensa experiencia de este músico y teatrero chileno, que estuvo, siguiendo el dicho de su país, “donde las papas queman”, en el epicentro del proceso revolucionario de su pueblo, antes y durante el gobierno democrático de Salvador Allende y de la coalición Unidad Popular, destruido en 1973 por un golpe militar.

El propio músico reivindicaba con esa frase y con alegría la opción del compromiso frente a la desidia y el oportunismo, en una de las canciones que se interpretan en la obra, Ni chicha ni limoná.

Un diálogo de amor y música

El montaje centra su visión en la trayectoria artística y la vida amorosa de Víctor Jara, eludiendo los tópicos y las reducciones acostumbradas por las hagiografías y martirologías seudo progresistas.

A partir de fuentes documentales, el colectivo inventa e interpreta con sencillez diálogos y entrevistas de Violeta Parra, de Jara y su compañera Joan Turner, y como en un programa radiofónico los intercala entre una quincena de canciones.

Carla Chillida y Guille Zavala, flanqueados por un tocadiscos, guitarras, charango y una pequeña tarima, componen el viaje de iniciación del artista, desde su origen campesino y el legado de su madre, cantora popular (cantan El arado; escuchamos una grabación del rockero Dean Reed cantando en alemán la Plegaria a un labrador), hasta su aprendizaje junto a Violeta Parra y su vinculación con el movimiento de recreación que vivió la música popular chilena en los años 60 y 70, en un período de importantes luchas y cambios sociales, como la reforma agraria, que se evocan en imágenes y narración.

En estas conversaciones, la obra centra su atención en el debate sobre el sentido de la música y su lugar en la vida de la gente y en los movimientos sociales, al hilo de la risueña Mazúrquica Modérnica, de Violeta, que interpreta Chillida: “Me han preguntádico varias persónicas / si peligrósicas para las másicas / son las canciónicas agitadóricas / ¡Ay qué pregúntica más infantílica!“.

Debaten los personajes de estas entrevistas si la música debe adaptarse “a los diferentes estadios de las luchas de los pueblos”, si hay que superar la “canción panfletera”. Víctor Jara afirma que en ese momento de su vida la canción popular lo ha raptado, que él permanece fiel a la gente y que apuesta por una canción que emocione; que sólo permanecerá la música que el pueblo defiende. A continuación se proyectan imágenes en blanco y negro del cantor corriendo y agitando su poncho por un campo, mientras en el tocadiscos suena su canción Vamos por ancho camino.

Y en el corazón de este debate colocan la opción del amor, que en palabras tomadas del cantante, es su razón de vivir. Es un tema que atraviesa toda la obra, desde la apertura con la canción Paloma quiero contarte y continúa con El cigarrito; Te recuerdo, Amanda; Deja la vida volar… y que se concentra en la imagen que componen ambos actores, abrazados, cantando y compartiendo una sola guitarra.

La vida con Víctor es divertida“, dice la actriz, cuando se convierte en Joan Turner Jara, y en un pequeño terrario rodante el montaje evoca el placer en el hogar que construyen ambos.

Con sus dos montajes mostrados en Madrid, A Tiro Hecho recoge el debate del papel de la música, de la alegría y el placer, que vuelve hoy a las calles, cuando los movimientos y manifestaciones sociales inventan y recuperan canciones, organizan coros, orquestas, charangas, bailes y batucadas para expresar sus sentimientos, opiniones y derechos.

Gestos y acciones para el pensamiento

La pieza huye de la solemnidad y el engolamiento, no chantajea ni redunda en hechos ya conocidos del golpe militar de septiembre de 1973, como la tortura y asesinato del músico por los militares en el Estadio Chile, o la muerte de Salvador Allende en la sede del gobierno democrático: crea gestos artísticos para el pensamiento y la memoria.

Carla Chillida coloca una guitarra en el centro del espacio, ésta se parte en dos y de su interior saltan unas gafas.

La partitura de danza, movimientos y acciones con objetos cotidianos (ponchos, guitarras, sillas de paja, sacos de patatas…) tiene gracia y energía, fluye con sencillez y naturalidad, crea paralelismos visuales. Los dos actores cantan muy bien y sus canciones, como sus bailes, respiran con la obra y la hacen vivir. Sugieren las figuras de Víctor Jara, Violeta Parra, Joan Turner… con sobriedad y carne, sin representar ni acartonar.

La pieza propone un marco político claro y simbólico, sin obviedades ni redundancias. Al comienzo, sobre el cuerpo desnudo de la actriz se proyecta la silueta del mapa de Chile, como una columna vertebral que será el eje del espectáculo. Y a continuación, ella sugiere la situación de miseria del pueblo chileno en los años 60 cantando “a capella” la irónica y negra geografía del país que compuso Violeta Parra, y tras señalar los puntos cardinales de los extremos sociales, concluye: “Al medio de la Alameda de las Delicias, Chile limita al centro de la injusticia”. Mientras canta la actriz, se proyectan dibujos inspirados en los telares de la propia Violeta y en los murales callejeros chilenos.

En esta misma línea de símbolos, el espectáculo hace metáfora política y re contextualización de algunos versos y canciones. Chillida superpone su lectura del famoso Poema 20, de Neruda (Puedo escribir los versos más tristes esta noche…) a las imágenes del bombardeo y destrucción de la sede del gobierno democrático chileno.

En una escena de enorme violencia poética, a medida que unas pancartas se pueblan con los rostros de las personas asesinadas por los militares golpistas, los dos actores caen de bruces, ponen las manos en la espalda y entonan la canción más terrible de Violeta Parra, como treno y conjuro del golpe militar: “Maldigo del alto cielo… porque mi alma está de luto maldigo los estatutos del tiempo con su borchorno, cuánto será mi dolor.” Y a continuación, los actores comienzan a tirarse patatas con fuerza y a reventarlas en los muros.

Nuevamente, como en Ladran, luego cabalgamos, hay apuntes de ironía y humor, tanto en los cantos citados (Mazúrquica…, Ni chicha ni limoná…) como en las ironías de los extremos sociales, de la vida y el odio de las clases parasitarias, en un brindis con champán que se vomita, en imágenes de entrevistas callejeras y canciones como Las casitas del barrio alto, de Jara, sobre un tema de Pete Seeger, que entonan los actores, o El Drugstore, que se escucha en la voz de Ángel Parra, mientras bailan una irónica cueca.”

Publicado originalmente en la República Cultural.

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