Donde las papas queman

Donde las papas queman, estrenado en febrero de 2014, que la compañía subtitula Inspirado en Víctor Jara, es un cancionero dialogado y bailado que recorre la intensa experiencia de este músico y teatrero chileno, que estuvo, siguiendo el dicho de su país, “donde las papas queman”, en el epicentro del proceso revolucionario de su pueblo, antes y durante el gobierno democrático de Salvador Allende y de la coalición Unidad Popular, destruido en 1973 por un golpe militar.
El propio músico reivindicaba con esa frase y con alegría la opción del compromiso frente a la desidia y el oportunismo, en una de las canciones que se interpretan en la obra, Ni chicha ni limoná.

Un diálogo de amor y música

El montaje centra su visión en la trayectoria artística y la vida amorosa de Víctor Jara, eludiendo los tópicos y las reducciones acostumbradas por las hagiografías y martirologías seudo progresistas.
A partir de fuentes documentales, el colectivo inventa e interpreta con sencillez diálogos y entrevistas de Violeta Parra, de Jara y su compañera Joan Turner, y como en un programa radiofónico los intercala entre una quincena de canciones.

Carla Chillida y Guille Zavala, flanqueados por un tocadiscos, guitarras, charango y una pequeña tarima, componen el viaje de iniciación del artista, desde su origen campesino y el legado de su madre, cantora popular (cantan El arado; escuchamos una grabación del rockero Dean Reed cantando en alemán la Plegaria a un labrador), hasta su aprendizaje junto a Violeta Parra y su vinculación con el movimiento de recreación que vivió la música popular chilena en los años 60 y 70, en un período de importantes luchas y cambios sociales, como la reforma agraria, que se evocan en imágenes y narración.

Gestos y acciones para el pensamiento

La pieza huye de la solemnidad y el engolamiento, no chantajea ni redunda en hechos ya conocidos del golpe militar de septiembre de 1973, como la tortura y asesinato del músico por los militares en el Estadio Chile, o la muerte de Salvador Allende en la sede del gobierno democrático: crea gestos artísticos para el pensamiento y la memoria.
La pieza propone un marco político claro y simbólico, sin obviedades ni redundancias.
Nuevamente, como en Ladran, luego cabalgamos, hay apuntes de ironía y humor, tanto en los cantos citados (Mazúrquica…, Ni chicha ni limoná…) como en las ironías de los extremos sociales, de la vida y el odio de las clases parasitarias, en un brindis con champán que se vomita, en imágenes de entrevistas callejeras y canciones como Las casitas del barrio alto, de Jara, sobre un tema de Pete Seeger, que entonan los actores, o El Drugstore, que se escucha en la voz de Ángel Parra, mientras bailan una irónica cueca.

José Henríquez – la República Cultural.es
5 de julio de 2014

SINOPSIS:

“Es una historia sencilla, una historia de amor, del verdadero amor, de aquel que surge desde el fondo de la vida y que lo embellece todo. Una historia simple. Como la guitarra campesina. Como una figurita pintada de Talagante. Como un camino, un álamo, una flor…Una historia de nuestro pueblo. De este pueblo que en todas sus manifestaciones, aún en las más trágicas, introduce elementos graciosos y hasta divertidos”. Víctor Jara

FICHA ARTÍSTICA:

Intérpretes: Carla Chillida, Guille Zavala
Iluminación: Diego Sánchez
Fotografía: Samuel Domingo
Registro audiovisual: Nacho Carrascosa, Mamen Jiménez
Grafismo / Ilustraciones: Elías Taño
Asistente: Mireia Sobrevela
Dirección: Carla Chillida
Producción: Atirohecho

Año de estreno: 2014
Duración: 75’
Idioma: Castellano

VÍDEO: