Dossier / Crítica

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“Ladran luego cabalgamos”: Cuando la Revolución sube a escena

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La Compañía Atirohecho surge en 2012 con el espectáculo “No te salves. Homenaje a Mario Benedetti”. El escritor uruguayo y uno de sus poemas que incita a la participación ciudadana, comprometida, con la realidad política, marca el rumbo del quehacer de Atirohecho que continúa ahora con “Ladran luego cabalgamos”. A modo de manifiesto los valencianos declaran: “Nosotros consideramos que este continente tiene en su vientre una criatura que se llama Revolución, que viene en camino y que inexorablemente por ley biológica, por ley social, por ley de la historia, tiene que nacer. Y nacerá de una forma o de otra. El parto será institucional, en un hospital, o será en una casa. Serán ilustres médicos o será la partera quien recoja la criatura. Pero de todas maneras habrá parto”.
Atirohecho afronta un tema capital que siempre ha estado presente en la historia del teatro y más aún en la historia del teatro moderno a partir de Bertolt Brecht: la política. En realidad todo teatro es político (incluso el aparentemente inofensivo, inocuo, teatro de divertimento), pero, además de político, existe un teatro combativo, de barricada. Teniendo en cuenta la declaración de intenciones antes expuesta, entrecomillada, podemos arriesgarnos a calificar como “combativo” el teatro de Atirohecho que apuesta por un trabajo físico que acompaña a la palabra y que tiene como guía la memoria histórica.
Actuando como la magdalena de Proust que desata los recuerdos en “En busca del tiempo perdido”, aquí, los intérpretes (Ramón Méndez, Margarita Mateos, Bruno Tamarit, Rafa Segura, Carla Chillida y el actor invitado de nacionalidad china, Hao Cui) acudirán a las canciones, a los poemas, a los discursos,de otros tiempos (aparentemente, sólo aparentemente superados) para establecer paralelismos con la situación política de nuestro convulso presente e imprevisible futuro. Así coexisten en este espectáculo los discursos incendiarios de La Pasionaria con los mensajes de Anonymus difundidos a través de las redes sociales; la revolución de Asturias de 1934 con las acampadas del 15 M; los poemas de los autores de la Generación del 27 con los temas de los cantautores que enfrentaron al franquismo…
Según Atirohecho la Revolución está a punto de nacer. Puede que tengan razón, pero, ojalá, no venga, según la anunciaba Karl Marx, en su célebre y sangrienta sentencia: “La violencia es la partera de la Historia”.

 

ESPIKENION

Josep Lluís Sirera Turó

“Dentro del panorama teatral valenciano, marcado por la precariedad de compañías y creadores y azotado, además, por la crisis desde hace unos cuantos años, resulta como mínimo estimulante toparnos con propuestas como la presente. Una propuesta, además, que no es fruto aislado de alguna casualidad estética sino consecuencia lógica de la trayectoria de una compañía que sabe muy bien lo que quiere hacer y a dónde quiere llegar con sus montajes. Me refiero a Tiro hecho, que ellos mismos califican como “compañía de teatro físico / dentro de lo cabe”, frase con la que aúnan lo ambicioso de sus propósitos con el realismo que tiene que guiar todos sus pasos en estos tiempos. Me apresuro a comentar, por cierto, que esta acertada combinación de ambición y realismo no solo está en la base misma de sus montajes (y, como es obvio, de los resultados obtenidos) sino también en sus reflexiones sobre el mundo que nos rodea y que es la materia prima sobre la que trabajan.

            Antes de pasar a comentar este espectáculo quisiera, sin embargo, detenerme en un aspecto que a alguno le podrá parecer marginal, pero que no lo es en absoluto. Me refiero a la temática de sus obras, por lo menos de las dos que yo les conozco: esta misma y Donde las papas queman. Obras ambas que me atrevería a calificar de generacionalmente políticas. Y digo esto porque frente a quienes afirman que los jóvenes de hoy en día construyen su presente sobre un preocupante desconocimiento del pasado, estos dos montajes nos revelan a una creadora, Carla Chillida, que usa con sutilidad e inteligencia ese mismo pasado pero no para dejarse llevar por ejercicios de nostalgia política (no tiene edad para ello) ni para encerrarse en un escepticismo paralizante.

Todo lo contrario: desde su presente inmediato, se remonta hacia el pasado para traer a la escena de qué forma las generaciones que antecedieron a la suya se enfrentaron a unos problemas muy semejantes: falta de democracia, injusticias sociales, tiranía de los poderes económicos, falta de expectativas vitales para los jóvenes, represión, corrupción, imperialismo, y un largo etcétera que cada lector podrá completar a su gusto. Y lo hace, repito, no desde la aceptación acrítica de ese mismo pasado sino desde la lucidez y, por qué no, desde la ironía; poniendo si hace falta ante nuestros ojos las debilidades y las incongruencias del pensamiento progresista de otras épocas y que podríamos pensar que no son tampoco tan diferentes a las que lastran los movimientos reivindicativos del momento actual. Pero no pensemos que esto les lleva a recalar en el extremo opuesto: cuando en la presente obra asistimos a las discusiones asamblearias de los indignados o a la dinámica de funcionamiento del anarquismo histórico español, podremos sonreír ante los excesos utópicos que unos y otros dejan traslucir en sus palabras, pero no podremos por ello dejar de reconocer (no diré yo que incluso emocionarnos) la sinceridad, la honestidad y la voluntad de cambio que esas mismas palabras destilan. Hay mucha dignidad encerrada en ellas y en los comportamientos de quienes las pronuncian… Lo que no deja de ser emocionante para una persona de esas generaciones anteriores, bombardeadas durante años por las proclamas llenas de pragmatismo y sensatez que, desde todos lados, hemos ido recibiendo ade forma ininterrumpida y grandilocuente.

Resumiendo: la ironía antes aludida no anula la rotundidad de muchas de las situaciones ni el optimismo con que los personajes encaran una situación ante la que se niegan a permanecer pasivos o, mucho peor, sumisos. Incluso la irrupción de Hao Cui que crea un efecto de extrañamiento y de sorpresa (hasta despierta sonrisas entre los asistentes), provoca imágenes de fuerza plástica, lejos de consumirse en el mismo momento de su aparición y más allá de la humorada de la traducción simultánea, que puede ser también leída –por cierto– en clave simbólica: nuestra revolución, al fin y al cabo, habla un idioma diferente al de movimientos revolucionarios como el de la China maoísta, lo que no será obstáculo para que al final se llegue a un entendimiento y las dos realidades lleguen a compartir no solo una guerrera sino también muchos otros aspectos: la voluntad de cambiar el mundo, por ejemplo.

Planteadas así las cosas, es del todo lógico que la presente propuesta escénica se aleje decididamente de las modalidades de teatro político que han ido apareciendo a lo largo del siglo pasado. Lo que no quiere decir, por supuesto, que no las conozca o que no utilice algunos de sus recursos; sucede esto, por ejemplo, en algunos momentos en que el texto tiene cierto aroma de teatro documento ya que se trata de informar y de dar a conocer al público actual algunos de los momentos culminantes de la lucha progresista; voluntad didáctica que se refuerza con fotografías de época y referencias a los libros míticos que fueron la base de la formación progresista de las generaciones anteriores. Más aún: en otros momentos se echa mano de la caricaturización (estupendos los audiovisuales de los antidisturbios reducidos a la condición de recortables de barraca de feria o el del enfrentamiento entre los gallos rojo y negro de la canción) y no se tiene tampoco pudor (¿por qué habría de tenerse?) en jugar la baza sentimental y emotiva mediante el recurso a canciones y poemas emblemáticos de los años de la lucha contra la dictadura franquista y de la Transición…

¿Cómo plantear, entonces, esta obra adscrita al género de teatro de revolución como la compañía anuncia en el dossier? Muy fácil: conjugando con habilidad los elementos que han venido caracterizando el teatro de los últimos años. Veamos algunos casos. En primer lugar, la disolución del personaje como entidad convencional da pie, en la presente propuesta, a que los intérpretes asuman diversos roles y que los desplieguen con gran habilidad, propiciando –segunda característica– saltos espaciales y temporales que nos hacen viajar ágilmente de una punta a otra de los últimos cien años de nuestra historia. La agilidad, por cierto, se consigue gracias al trabajo físico de todos los intérpretes: movimientos coordinados y bien coreografiados que alternan con escenas cargadas de fuerza poética y plástica, como los caminos / puentes tendidos gracias a los libros, títulos significativos como ya he indicado y que fueron en su momento ellos mismos puentes y caminos hacia una nueva realidad preñada de espíritu revolucionario.

Este ir y venir de unos tiempos y espacios a otros ni que decir tiene que en ningún momento es gratuito: la relevancia dada a la lucha de los anarquistas en los años veinte y treinta no es nada casual porque marca un camino de lucha y de sacrificio en pos de la utopía. Y tampoco espacios míticos e investidos de la épica de la resistencia contra la tiranía como la Plaza de Mayo bonaerense… Épica y sacrificio, pues, con la que buscaría asimilarse la lucha actual, la de los indignados o la del colectivo Anonymous: estupenda, por cierto, la imagen del combatiente maoísta (¿ole pegaría más decir vietnamita?) emergiendo de una de las tiendas de campaña que remiten a las acampadas del movimiento 15 M y marcando así la continuidad de una lucha que se nos presenta como insoslayable e ininterrumpida.

Otro de los recursos de las nuevas escrituras que A tiro hecho utiliza de forma precisa es la implicación de los asistentes, lo que se busca por ejemplo con referencias a elementos tales las canciones de lucha (La gallineta es uno de los momentos fuertes del espectáculo, por cierto) y culmina con un acto que tiene mucho de interpelación a los presentes: avanzando hacia nosotros, los intérpretes nos recitan poemas que forman parte de un patrimonio emocional compartido. Poemas, como ya ha comentado, que nos hablan de compromiso cívico y de lucha; poemas que los jóvenes quizá nunca oyeron porque se les ocultó en las aulas su existencia y que los de mayor edad arrinconamos un día no muy lejano en el desván de las ilusiones de juventud… Y que vuelven ahora a nosotros como una forma de implicarnos en su propuesta

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Esto es, en definitiva, lo que esta joven compañía nos ofrece en un espectáculo que presenta los méritos que he tratado de describir sucintamente, y que acumula unos cuantos más, empezando por una dirección muy trabajada que integra a los intérpretes en acciones de grupo bien diseñadas y, sobre todo, cargadas de fuerza visual: véase, por ejemplo, el inicio mismo del espectáculo y las sesiones asamblearias. Dirección que cuenta, por supuesto, con la complicidad de los intérpretes que sin pretender en ningún momento construir personajes definidos son capaces de transmitirnos, con una economía de medios digna de ser reseñada, la pluralidad de actitudes que se pueden adoptar en situaciones como las descritas: desde el irrefrenable optimismo a la prudente cautela, pasando por las dudas o la explosión de los sentimientos que acercan entre sí a los miembros del colectivo. Cuentan para lograrlo con el trabajo físico, lo reitero: una de las marcas de esta compañía, y con un sentido del ritmo y de la composición de conjuntos plásticos muy potentes. Un disfrute para los espectadores, en definitiva… Como lo es también, por supuesto, la banda sonora del espectáculo, donde se combinan las grabaciones con la interpretación (muy lograda, todo hay que decirlo) en directo, otro de los puntos fuertes de A tiro hecho, como puede apreciarse muy bien en Donde las papas queman, donde Carla Chillida asume la personalidad y las canciones de Violeta Parra y el otro intérprete, Guille Zavala, las de Víctor Jara. Y no lo hacen nada mal, por cierto.

Como creo que se habrá podido apreciar por mis comentarios, las propuestas de la compañía están muy bien trabajadas pese a su aparente (solo aparente) sencillez. Y es que, quisiera dejar esto muy claro, parten de un trabajo dramatúrgico muy inteligente, muy documentado además, y se manifiestan con un sentido del ritmo muy acusado. Virtudes todas ellas a las que me gustaría añadir aquella con la que inicié esta no crítica: la voluntad de hacer del teatro un instrumento de reflexión, cargado de futuro (de lucha por un futuro mejor para ser más exactos) y no solo de nostalgia. Por esta razón asistimos a lo largo de unos ochenta minutos a un rápido recorrido por las diferentes primaveras que se produjeron en estos últimos cien años, pero enmarcadas por la que estamos viviendo (o tendríamos que estar viviendo, que dirían los más escépticos) y por esa invitación a sumarnos a ella, o a construir nuestra propia primavera que da lo mismo, a golpe de poemas. El resultado, por supuesto, es un espectáculo cargado de sinceridad, de propuestas estéticas más que notables y de un trabajo interpretativo riguroso y muy bien resuelto. Un espectáculo, en fin, que acredita a A tiro hecho como un grupo a tener muy en cuenta en el panorama teatral español”.

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critica

 

DES DE L’EXILI

05/10/14
Albert Ferrer Orts

Durant quatre dies, la companyia valenciana de teatre “A Tiro Hecho”, dirigida per Carla Chillida, ha recalat amb èxit en terres australs de la mà de la seua darrera obra “Ladran, luego cabalgamos”. Interpretació d’èxit al País Valencià i Espanya que, des de Buenos Aires, ha passat aquests dies a Valparaíso sense solució de continuïtat.

Formada per la mateixa Carla, Margarida Mateos, Román Méndez, Rafa Segura, Bruno Tamarit, a més de la col·laboració especial d’Hao Cui (actors), amb textos del propi Segura, il·luminació a cura d’Hipólito Patón i Ximo Rojo, fotografia i vídeo a càrrec de Ramón Jiménez, David Ruiz, Nacho Carrascosa i Mamen Jiménez, i el grafisme d’Elías Taño, aquest jove grup d’art escènic nascut en 2011 colpeja amb força la porta del món de la interpretació lliure i independent com a referent del teatre físic i de contingut políticosocial.

Tres de les seues actuacions a terres xilenes han estat emmarcades dintre del programa “Ciclo de Teatro Iberoamericano” que organitza la Sala de Arte Escénico de la Universidad de Playa Ancha, amb la coordinació de Giulio Ferretto, mentre que la darrera ho ha estat a través d’un col·lectiu cívic porteny. Un espectacle que combina a la perfecció projeccions videogràfiques, música, textos i dança contemporània a propòsit de la situació que viu Espanya en els últims anys.

Per a un valencià com un servidor, la temàtica li era ben familiar, com és obvi, no tant per a l’expectant públic xilé que, amb les seues vivències —entre traumàtiques i esperançadores des de fa unes dècades ençà—, no està acostumat a la complexitat escenogràfica ni al descarnat missatge proposat, això sí amb una dolça ingenuïtat per allò de plasmar amb necessària dosi d’humor contingut la peripècia cívica i ideològica dels espanyols des de la II República fins el 15-M. I és que la llibertat d’expressió que tant fa que parlar a hores d’ara a l’altra banda de l’Atlàntic —als retrocessos incontestables cal remetre’s tossudament—, a Xile encara no és fruita del tot madura malgrat l’ànsia de la mateixa que hi ha.

L’obra, com s’ha esmentat, és un repàs dinàmic i innovador, creatiu i àgil, subtil i engrescador de la peripècia ciutadana a la península Ibèrica des dels anys 30 del segle passat fins els nostres dies, conciliant els principals esdeveniments sociopolítics ocorreguts tant a Espanya com a Portugal, amb cites i al·lusions a alguns dels seus principals protagonistes: García Oliver, Frederica Montseny, Buenaventura Durruti, Dolores Ibárruri, Vicent Andrés Estellés, Antonio Machado o Miguel Hernández, entre d’altres més. L’incís, oportú i farcit d’humor intel·ligent, que suposa la inclusió de Mao Zedong i el maoisme representa un punt d’inflexió en el desenrotllament de l’obra, la qual fa un gir en la seua dinàmica interpretativa per allò de tractar i endinsar-se en el darrer quart de la centúria i introduir-nos en els començaments del segle XXI.

En resum, un goig comprovar tan lluny de casa com aquesta jove companyia va obrint-se camí en les procel·loses aigües de la creació escènica, no diguem al País Valencià, amb aquesta segona aposta, ja que la primera tingué com a teló de fons la figura de l’uruguaià Mario Benedetti. El pròxim projecte en què pensen treballar es centrarà al voltant del malaurat cantautor xilé Víctor Jara, un personatge i una obra musical, la seua, que encara està molt present en aquestes terres del con sud, tal com les de Neruda, Mistral, els Parra i tantes altres personalitats de primer ordre cultural.

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